Innovación en medicamentos y biosimilares: sustentabilidad y acceso, ejes del debate

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Uno de los paneles de la primera jornada del IV Congreso Nacional de COSSPRA tuvo como eje la innovación en medicamentos y biosimilares, un tema que genera amplio interés por su impacto en los costos y la sustentabilidad de los sistemas de salud.

La moderadora del panel fue Graciela Muratore, gerente general del Instituto de la Obra Social del Empleado Provincial de Santiago del Estero (IOSEP), quien abrió el espacio destacando que se trata de «un tema que nos interpela porque debemos mantener la sustentabilidad en los sistemas y también estar acordes a los avances y beneficios de las nuevas terapias». En ese sentido, expresó su confianza en que «vamos a lograr un consenso, integrando un ecosistema».

A continuación, Gabriel Lebersztein, gerente médico de la Obra Social de Empleados de Comercio (OSECAC), explicó que para modificar significativamente los costos «se debe cambiar a medicamentos biosimilares, pero no solo a los nuevos pacientes». Según señaló, «el mercado de biosimilares va a crecer enormemente, necesitamos promoverlo». Añadió que la expiración de numerosas patentes «abre la posibilidad de incorporar un gran número de biosimilares», lo que además reduce el precio de los originales «por encima del 25%».

Lebersztein destacó que «los biosimilares parecen ser bien aceptados por los médicos prescriptores, que necesitan ver que funcionan en sus pacientes». En Argentina, precisó, hubo «un ahorro de 250 millones de dólares en importación de medicamentos y un aumento del 40% en el uso de biosimilares, con una caída de precios mayor al 50%». Por otra parte, advirtió que los medicamentos originales «crecen con el dólar y no hay forma de negociar porque los laboratorios imponen precios. En cambio, los biosimilares nos permiten recuperar capacidad de compra para otros medicamentos, incluso originales».

Luego fue el turno de Roy Benchimol, director de Salud de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME), quien expuso sobre el círculo virtuoso de la innovación farmacéutica. Detalló que las fases del proceso incluyen la invención -una etapa preclínica con alta incertidumbre e inversión-, la investigación clínica, el proceso regulatorio y, finalmente, la comercialización. «En ese momento, la farmacovigilancia es fundamental porque lo usan pacientes con diversos esquemas terapéuticos y comorbilidades, y se debe actualizar la información de seguridad del producto. Y por último está la etapa de la reinversión para que el círculo virtuoso se cierre», explicó.

Benchimol subrayó que Argentina tiene una inversión muy importante en investigación y desarrollo (I+D) en materia de medicamentos, que representa el 46% de la concretada por todos los sectores. «Promover mayores opciones terapéuticas es beneficioso para el sistema, pero es fundamental que los pacientes y profesionales de la salud notifiquen los efectos adversos», remarcó.

Por su parte, Eduardo Franciosi, director ejecutivo de la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), puso el foco en los ahorros derivados de la producción nacional de medicamentos biosimilares y de alta complejidad. En ese sentido, destacó la importancia de «buscar articulación con políticas públicas en materia de apertura de importaciones y balance con productos nacionales, priorizando a la industria nacional en las decisiones públicas».

Franciosi resaltó que la producción de biosimilares es «un ejemplo de cómo, a través de la reinversión de capital propio, la industria argentina logró una gran posición en esta materia». «Brasil tiene 15 plantas farmacéuticas, Argentina 11, pero vamos a seguir creciendo. Hoy exportamos biosimilares por 139 millones de dólares, algo que hace 15 años era 0», afirmó. Además, señaló que de las 40.000 personas que trabajan en la industria farmacéutica local, 3.050 están dedicadas a medicamentos biofarmacéuticos.

Asimismo, presentó datos sobre el impacto económico de los biosimilares, indicando que «hubo un ahorro de divisas acumulado de 3.245 millones de dólares, al que en los próximos cinco años se sumarán otros 5.180 millones. Y un ahorro del sistema de salud desde el lanzamiento de las moléculas biosimilares de 10.287 millones de dólares, que proyectamos para los próximos cinco años en otros 10.444 millones».

Por último, Virgilio Petrungaro, director de la Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Excelencia Clínica (CONETEC), definió la innovación como un proceso que «debe generar gran valor agregado, alto conocimiento y un cambio disruptivo. Si no, es evolución o mejora».

A modo de cierre, advirtió que «si la innovación no llega a todas las personas que la necesitan, es difícil reconocerla como tal». Por eso, subrayó la necesidad de evaluar «efectividad, valor agregado, costos e información de seguimiento» para garantizar equidad y acceso.