Por: Dr. Esteban Lifschitz. Fundador de la Carrera de Especialista en Evaluación de Tecnologías Sanitarias. Facultad de Medicina. Universidad de Buenos Aires
La Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS) es hoy una herramienta consolidada, con metodologías robustas y un rol cada vez más reconocido en los sistemas de salud de la región. Con este punto de partida y sin cuestionar el recorrido, los invito a mirar algunos aspectos que muchas veces quedan en un segundo plano dentro de los procesos que definen si una tecnología será o no financiada.
El ritmo de innovación en salud se ha acelerado notablemente en los últimos años. Nuevas moléculas, dispositivos y plataformas terapéuticas llegan con una velocidad que plantea desafíos genuinos: ¿Cómo acompañar ese ritmo sin perder rigor? ¿Cómo distinguir, entre tanta novedad, cuáles representan una mejora real para los pacientes y cuáles sólo añaden costos? Estas preguntas no tienen una respuesta sencilla, y el objetivo es pensarlas juntos, desde una perspectiva que combina metodología, experiencia práctica y sentido común clínico.
En el mes de octubre estaré participando del V Congreso Nacional de COSSPRA como orador, y uno de los ejes centrales será revisar el punto de partida de las decisiones de financiación. Muchas veces el análisis comienza desde la tecnología disponible, y esto es comprensible dado el volumen y la velocidad con que surgen nuevas opciones.
Pero vale la pena preguntarse qué se gana si, además, el proceso incorpora de manera más explícita la necesidad sanitaria que se busca resolver como punto de partida. No se trata de reemplazar un enfoque por otro, sino de enriquecer el proceso de decisión con una mirada complementaria, que ayude a que los recursos -siempre limitados- se orienten con la mayor precisión posible hacia los problemas de salud más relevantes.
Otro tema que atravesará la charla es el del valor. La ETS ya cuenta con marcos sólidos para evaluarlo, y esta conferencia no busca reinventar esos marcos, sino subrayar algo que probablemente todos compartimos: que la novedad, por sí sola, no garantiza un beneficio adicional para el paciente.
El desafío -y también la oportunidad- está en seguir fortaleciendo los espacios donde ese valor se demuestra con evidencia clara y comparaciones adecuadas, para que cada decisión de financiación esté cada vez mejor fundamentada. Finalmente, la charla propondrá una reflexión sobre qué significa, en la práctica, priorizar al paciente.
Es un principio con el que probablemente nadie discrepa, pero que admite matices interesantes a la hora de aplicarlo: a veces priorizar al paciente es decir que sí, y otras veces priorizar al paciente es tomarse el tiempo necesario, pedir más evidencia, o esperar a contar con información más sólida. Ambos caminos pueden ser, según el caso, la forma más responsable de cuidar a quienes hoy y en el futuro dependen del sistema de salud.
Esta será una conferencia pensada para generar preguntas más que para cerrar respuestas. La propuesta es compartir algunas reflexiones que, sin ánimo de polemizar, puedan resultar movilizadoras y quizás, en algún punto, un poco incómodas, para quienes trabajamos todos los días en este campo.
No voy a adelantar el desarrollo completo de la presentación, pero sí puedo anticipar que se trata de una invitación a pensar, entre todos, cómo seguir mejorando los procesos de toma de decisiones en salud.
Los espero en el congreso de COSSPRA que se realizará el 28 y 29 de octubre en Puerto Iguazú, será un placer debatir sobre las posibles perspectivas desde las cuales evaluar las tecnologías sanitarias con un objetivo combinado: favorecer el acceso de los pacientes a tecnologías que aportan valor y, al mismo tiempo, garantizar la sostenibilidad del sistema de salud. Porque la sostenibilidad financiera es un problema sanitario, no solo económico.

