La transición demográfica y el desafío de transformar los sistemas de salud

La reciente presentación del Análisis de Situación de la Población con foco en salud (ASP) – Argentina 2026 puso de manifiesto que las bases sobre las cuales se planificó el sostenimiento sanitario del país responden a un perfil demográfico que ya no existe. 

El documento, elaborado en conjunto por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Ministerio de Salud de la Nación y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sirvió como marco para que autoridades y especialistas analizaran los desafíos urgentes que imponen la histórica caída de la natalidad y el envejecimiento poblacional en la gestión de las políticas públicas.

El punto de partida de este cambio de paradigma radica en pasar del diagnóstico a la acción adaptativa. Al respecto, Mariana Isasi, jefa de Oficina de UNFPA en Argentina, señaló que “este Análisis de Situación de la Población demuestra que las demandas de la sociedad han cambiado sustancialmente y que el sistema sanitario debe fortalecer sus capacidades de gestión adaptándose a estas nuevas realidades”. En este sentido, Isasi planteó la necesidad de incorporar la evidencia demográfica como un insumo estratégico para la toma de decisiones bajo un concepto de resiliencia social y apuntó que “se trata de pensar cómo las sociedades pueden adaptarse inteligentemente a los cambios que ya están ocurriendo y prepararse para ellos”, advirtiendo que estas transformaciones no forman parte de una proyección a futuro sino que “ya los vemos en las escuelas, en los sistemas de salud y en distintos ámbitos de la sociedad. La pregunta es cómo nos adaptamos a esa nueva realidad”.

Esta reconversión de los servicios encuentra uno de sus mayores retos en la creciente demanda de infraestructura para la longevidad. Desde la perspectiva del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mario Sánchez coincidió en que “el cuidado de las personas mayores se ha convertido en una prioridad” y agregó que “desde el BID estamos impulsando iniciativas específicas porque el envejecimiento poblacional exige desarrollar sistemas de cuidados cada vez más sólidos y sostenibles”. El especialista vinculó la viabilidad de estas soluciones con la descentralización de las herramientas de diagnóstico, precisando que “contar con información a nivel local permite comprender realidades muy diferentes y organizar los servicios de acuerdo con las necesidades de cada comunidad».

Por su parte, el análisis del ciclo vital obliga a comprender que la reasignación de recursos no debe generar desequilibrios en las distintas etapas de la vida y en este punto, el representante de UNICEF en Argentina y coordinador residente ad interim del Sistema de las Naciones Unidas, Rafael Ramírez Mesec, advirtió que la disminución de la natalidad no tiene por qué traducirse en una contracción del presupuesto para las infancias. «Al contrario, representa una oportunidad para invertir más por cada niño y mejorar la calidad de las políticas públicas”, argumentó, matizando que el esquema actual todavía debe resolver deudas básicas en la atención primaria: «Dos de cada tres madres no realizan la secuencia completa de controles prenatales. Eso muestra que todavía hay mucho por hacer para fortalecer el sistema de salud.»

La traducción política de estas variables en la administración del Estado fue abordada por el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, quien definió los lineamientos técnicos del informe como “el comienzo de una nueva manera de planificar la salud: con datos, con evidencia y pensando en el mediano y largo plazo”. Lugones enmarcó la situación local dentro de una transición global al explicar que “vivimos más años y nacen menos niños.

Eso significa que habrá cada vez más personas mayores que necesitarán cuidados prolongados, prevención de enfermedades crónicas y un sistema preparado para acompañarlas durante más tiempo”.

Asimismo, el funcionario remarcó que las respuestas de cobertura no admiten una receta única centralizada, concluyendo que “las provincias conocen mejor que nadie la realidad de su población. Nuestro rol es aportar evidencia científica, herramientas técnicas y sistemas de información para que cada jurisdicción pueda tomar mejores decisiones según sus propias necesidades”.

La viabilidad financiera de este esquema descentralizado depende, en gran medida, de una profunda reforma en la eficiencia macroeconómica del sector. Alejandro Sonis, director nacional de Economía de la Salud, aportó una mirada analítica sobre la asignación de partidas al sostener que «el desafío no es solamente cuánto costará atender a una población que vive más y envejece. También debemos preguntarnos cómo, cuándo y dónde utilizar los recursos para producir más salud, preservar la autonomía y reducir las desigualdades”. 

Para el director nacional, la sustentabilidad del modelo se juega en la capacidad de anticipación y no en el volumen del presupuesto: «La sostenibilidad no depende solamente del nivel de gasto; depende de cómo organizamos la atención, cuándo interviene el sistema, qué prestaciones financiamos y qué resultados obtenemos», expresó sintetizando la encrucijada bajo la premisa de que «la demografía siempre gana, pero el resultado no está escrito de antemano».

Como cierre analítico de los factores determinantes de esta transición, Anabel Fernández Prieto, especialista en Monitoreo y Evaluación de UNFPA, describió el impacto de la coexistencia de una fuerte disminución de la fecundidad y un incremento sostenido de la esperanza de vida y detalló que “estos procesos transforman la pirámide poblacional y obligan a pensar cuáles serán las necesidades que deberá atender el sistema de salud dentro de veinte años”. 

Fernández Prieto puso el foco sobre las profundas asimetrías territoriales del país, donde “hoy existen diferencias de hasta seis años en la esperanza de vida según el lugar donde nace una persona” y planteó la pregunta fundamental que definirá el perfil epidemiológico del futuro, señalando la diferencia entre si “podemos vivir más años porque las enfermedades aparecen cada vez más tarde, o podemos vivir más tiempo, pero con una mayor carga de enfermedad y necesidad de cuidados”. “Esa diferencia es clave para pensar el sistema de salud”, concluyó.