La APS, en el centro de un taller para las obras sociales provinciales

En el marco de la reunión de la Junta Ejecutiva de COSSPRA, realizada el 2 de septiembre en la Ciudad de Buenos Aires, se llevó a cabo un taller sobre el desarrollo y la implementación del primer nivel de atención, bajo la consigna «La APS como estrategia para obras sociales: integración, obstaculizadores y facilitadores».

Destinado a decisores de las Obras Sociales Provinciales (OSP), el encuentro abordó los principales desafíos y oportunidades para fortalecer la Atención Primaria de la Salud (APS) como estrategia de organización de la atención.

Del taller participaron Gustavo Calderón, de OSPECON; Inés Morend, de OSECAC; y Gabriel Battistella, subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria de la Ciudad de Buenos Aires y contó con la experiencia de ObSBA, de la mano de Micaela Amor. La actividad fue moderada por Fernando Avellaneda, coordinador de la Escuela de Gobierno de COSSPRA.

Durante su exposición, Calderón planteó algunos de los desafíos que atraviesan actualmente las obras sociales y que condicionan la sustentabilidad de sus prestaciones. Entre ellos señaló el comportamiento de los precios de los medicamentos y la necesidad de avanzar hacia mecanismos de regulación y evaluación de tecnologías sanitarias. También puso el foco en el impacto del envejecimiento de la población sobre los costos y en la migración de beneficiarios de mayores ingresos hacia la medicina prepaga, un fenómeno que puede profundizar el deterioro de la composición de las carteras de las obras sociales.

En ese marco, presentó una serie de líneas de acción bajo el concepto de «Gestión en tiempos difíciles». Entre las propuestas se incluyeron la racionalización del PMO y la revisión y ajuste de los planes vinculados a medicamentos; el desarrollo de un programa para abordar las cirugías postergadas; la implementación y fortalecimiento de la teleconsulta; estrategias frente a la falta de médicos de Atención Primaria; la comercialización de un porcentaje de camas del sector financiador; y una gestión más eficiente de las prótesis.

El planteo estuvo atravesado por una premisa: frente a un escenario de mayores costos y recursos limitados, las obras sociales necesitan revisar sus modelos de gestión, mejorar la utilización de la información disponible y priorizar aquellas estrategias capaces de sostener el acceso y la calidad de las prestaciones.

Morend, en tanto, puso el acento en la necesidad de jerarquizar la APS como estrategia sanitaria y de gestión. «La APS nunca debe ser precaria», fue una de las máximas de su exposición, en la que destacó la prevención y la promoción de la salud como herramientas centrales. Desde esta perspectiva, fortalecer el primer nivel no solo permite intervenir de manera temprana sobre los problemas de salud, sino también contribuir a la prevención del gasto, evitando que situaciones que podrían resolverse en etapas iniciales deriven en prestaciones de mayor complejidad y costo. “El problema más grande está en la lapicera, y la lapicera está en la atención primaria”, sintetizó. 

Por su parte, Micaela Amor resaltó el rol del médico de familia en el primer nivel de atención. Según los datos presentados por la ObSBA respecto al comportamiento de sus afiliados, el 60,3% de los pacientes volvió a consultar en el sistema, lo que representa un total de 10.945 usuarios que registraron dos o más atenciones. La masa total de pacientes evaluados alcanzó los 18.158 usuarios únicos, quienes promediaron unas 2,62 atenciones cada uno. Estas cifras -sostuvo- reflejan una alta recurrencia en las consultas dentro del esquema de atención al tiempo que señaló que estos indicadores estadísticos permiten entender a fondo el comportamiento y la fidelidad de los usuarios dentro del sistema sanitario. Para Micaela Amor, este monitoreo de datos es una herramienta clave que les permitirá seguir planificando mejoras estratégicas tanto en el acceso como en la calidad de las prestaciones médicas brindadas. 

Para complementar esta mirada empírica Gabriel Battistella compartió la experiencia del distrito anfitrión y a la hora de desglosar el escenario de trabajo, describió las profundas asimetrías socio-sanitarias que conviven en un mismo territorio urbano: «La Ciudad de Buenos Aires es una ciudad compleja, son tres ciudades en una, dividida en 15 comunas; las del sur, por ejemplo, tienen un 45% de cobertura pública exclusiva, mientras que las del norte tienen solo un 5%», explicó y sostuvo que «existe una heterogeneidad muy marcada y uno tiene que basar las coberturas y las demandas en esa heterogeneidad». Battistella repasó también que es una ciudad muy desarrollada y con una pirámide poblacional alargada con una población de más de 80 años que supera las 6.000 personas y con muchas más mujeres que hombres entre los 70 y 80 años. Respecto a la composición del financiamiento local, Battistella detalló que el 62% corresponde a obras sociales y prepagas, el 18% a PAMI, y el sistema público exclusivo representa otro 18%. «Distintas obras sociales de la seguridad social y del sector privado componen todo el producto de cobertura en la Ciudad». graficó.

Con esta radiografía de la situación, el funcionario subrayó la necesidad de dar un salto cualitativo en la gestión sanitaria: «Debemos pasar de ser meros administradores de la enfermedad a transformarnos en gestores de la salud de la población que tenemos bajo nuestro cuidado; ir hacia un modelo de cuidado poblacional», sintetizó. En ese sentido, destacó la importancia de sostener un vínculo estrecho y coordinado entre los profesionales del primer y del segundo nivel, además de plantear estrategias específicas adaptadas a las necesidades de cada grupo poblacional.